La Batalla de Genoy

Todo el conglomerado social enclavado en la región austral andina de la Nueva Granada permaneció desde 1816 hasta 1819 en una pasividad cual pocas del resto del país.  Demostración indudable para aquellos que piensan que la población del sur de Colombia fue  terca, tozuda, para recepcionar las ideas independentistas. Pasto y los sectores del sur de la nación, principalmente, se empeñaron en defenderse de la torpe actitud de los ejércitos patriotas que cada y cuando se les ocurría pretendían someter a sangre y fuego a las gentes del sur.

En este periodo comprendido entre 1816 y 1819, “Como única cosa extraordinaria  en todo ese tiempo sólo hubo la llegada del batallón Numancia, de paso para Lima, compuesto casi todo de americanos (Venezolanos y neogranadinos) que Morillo trasladaba por ciertas consideraciones desde Venezuela al Perú, pasando por Santafé a órdenes del capitán Pedro Galup”, manifiesta Sergio Elías Ortiz.

Bolívar y Morillo celebraban en la ciudad venezolana de Trujillo un tratado mediante el cual, entre otras cosas, se acordó “Conservar para cada causa la parte territorial que ocupan los ejércitos a la notificación del tratado”.  Con este objeto se comisionó al general Manuel Valdés para que avance hacia el sur lo que más pueda “aunque no tuviese más fuerzas que sus edecanes” según deseaba Bolívar.

Al tomar a Popayán comprueba que han huido a Pasto los principales representantes de la momarquía española, entre otros: el general Sebastián de La Calzada, el coronel Basilio García y el nefasto Obispo de Popayán Salvador Jiménez de Enciso, a quien los historiadores condenan la mentalidad y actitud, explicable solamente por un carácter y fanatismo realista cual no se había visto en toda América.

En los primeros días del mes de enero de 1821 comenzó la marcha hacia Pasto por parte de las fuerzas patriotas.  Atraviesan el Patía en medio de la constante estilización de las guerrillas del lugar.  En el Salto del Mayo hubo un enfrentamiento que sortearon con éxito y llegan hasta el Juanambú,  donde conoce el general Valdez en envió de dos comisionados que vienen en camino para poner en vigencia el “Tratado de Trujillo”.  Esta situación acelera sus planes y ordena continuar a marchas forzadas, pernoctando en El Tambo Pintado.

En la madrugada del día 2 de febrero de 1821 se reinicia la marcha a Pasto,  al acercarse a Chaguarbamba, hoy corregimiento de Nariño, encontró gran resistencia de las guerrillas pastusas, las cuales táctica y estratégicamente se retiraron hasta GENOY.  En este lugar de quebrada topografía se dio el golpe final a los republicanos.  “Cuando nuestra vanguardia llegó al pie de la loma de GENOY, dice el Coronel Miguel Antonio López, que le tocó actuar en esta campaña, se encontró con todas las tropas enemigas parapetadas detrás de los barrancos y las piedras, y sin una disposición preliminar del general, empezó el ataque por el centro; la mayor parte de nuestros soldados se habían atrasado en una marcha forzada casi a la carrera; los que iban llegando entraban en combate sin atender a que cuerpo se unían, los del Cundinamarca se mezclaron con los de Neiva, los del Neiva con los del Cauca, los del Cauca con los de Cundinamarca, y nadie pensaba sino en hacer fuego sobre el enemigo.

 Aunque la posición de los españoles era flanqueable por la derecha, el general Valdés no tomó ninguna medida para ello: se empeño en atacarlo por el centro, que era una loma quebrada y estaba bien defendida; el comandante Carvajal intentó trepar la loma con su caballería, y al empezar a subir recibió un balazo en el pecho y cayó muerto, lo que desalentó a  nuestros jinetes.  El Capitán Isidoro Ricaurte con su compañía atacó vigorosamente al enemigo por el camino que conduce al pueblo de GENOY, y al poner el pie sobre un parapeto que  defendía el Batallón Aragón, fue atravesado por una bala y cayó de espaldas muerto; la compañía  no pudo forzar aquel punto, y tuvo que retirarse haciendo fuego”.

“A las cinco y media de la tarde nuestros soldados, cansados y fatigados de la marcha y de la lucha, cedieron el campo al enemigo, quien hizo bajar de la loma como 600 pastusos de ruana y sombrero, que sin piedad empezaron a asesinar a todos nuestros heridos, lo mismo que a los prisioneros que lograron hacer campo, operación en la cual se detuvieron, dando lugar a que muchos se salvaran”.

La derrota fue total, cadáveres por donde quiera se encuentran; los heridos rematados por orden expresa de Basilio García. Un grupo pequeño logra huir entre ellos Valdés, y los prisioneros son traídos a la Ciudad de Pasto, donde gracias al Tratado de Trujillo son liberados.

 

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