El episodio de Chapal de Funes

Este artículo describe el por qué el día 13 de octubre de 1809, los quiteños iniciaron una ofensiva militar contra la ciudad de Pasto  y se enfrentaron en el punto conocido como Chapal de Funes, donde fueron vencidos por el recientemente formado ejército pastuso. Este enfrentamiento se considera como el primer conflicto militar en hispanoamérica, en la época de la independencia.
 
 
El 6 de noviembre de 1808, el Cabildo de Pasto convoca a todo el pueblo a la plaza principal para jurar y reconocer como único rey a Fernando VII, tal cual lo hicieron las demás ciudades que estaban bajo la corona española. Ocho días después, concretamente el 15 de noviembre de 1808, el Cabildo de Pasto declara la guerra a Francia acogiendo el mandato de la Junta Suprema de Sevilla en España, proclamando que: “Fernando VII, rey de España y de las Indias y en su nombre la Suprema Junta de ambos... declaramos la guerra a Napoleón y a la Francia, mientras esté bajo su dominación”1.

Estando en esta incertidumbre de no saber a ciencia cierta que había pasado en España y por consiguiente cual sería la suerte de estas tierras y su gente, llega a Pasto el 16 de agosto de 1809, una comunicación que suscribe desde Túquerres el presbítero Juan de Santacruz, hermando de Don Tomás, uno de los mas destacados y connotados dirigentes de la ciudad, donde le cuentan sobre la llegada a su parroquia de un personaje proveniente de Quito y según le ha dicho disque hubo un movimiento insurreccional el pasado 10 de agosto en esa ciudad, que depuso de su cargo al Presidente de la Real Audiencia de Quito, don Manuel Urriez, conde Ruiz de Castilla, de igual manera a los magistrados de la capital y sus provincias, para lo cual han integrado una “Junta Suprema que gobierne interinamente la Presidencia a nombre y como representante de Fernando VII”, según reza su publica declaración. Ignacio Tenorio, es el informante de las preocupantes noticias de Quito, quien exagerando los acontecimientos planteó dramáticas situaciones de hechos no ocurridos en esa ciudad, donde de acuerdo con este personaje, los quiteños estaban viviendo en esos días los peores de su historia.

La carta de su hermano Juan el presbítero de Túquerres, alarmó a don Tomás de Santacruz, más aún cuando en la tarde de aquel día 16 de agosto, llega una comunicación suscrita por la famosa Junta Suprema de Quito donde confirman la destitución del presidente de la Real Audiencia, la de los Magistrados y prácticamente el desconocimiento de la Junta Suprema de Sevilla a quien los pueblos de América, dependientes de la corona española habían jurado respaldar en tanto este preso Fernando VII.

Es lo cierto que el movimiento del 10 de agosto de 1809 de Quito, no tuvo el ingrediente popular que debe tener toda insurgencia, éste fue aristocrático, de las altas élites, de las grandes familias,  así se deduce de quienes ocupan los más altos cargos en su dirección.

Al no contar con un autentico respaldo popular, la Junta Suprema de Quito luego de fracasar epistolarmente con las gentes de Pasto, decide emprender una campaña militar al mando de los coroneles Francisco Javier Ascazubi y don Manuel Zambrano y Monteserín a fin de someter militarmente a Pasto. Son cerca de 1.500 hombres armados los que logra reunir con este objeto, para atacar a una ciudad que no tenía un ejército regular, que escasamente conocía lo que era un contingente armado, que únicamente contaba con herramientas de trabajo, el pico, la pala, el azadón, para poder defenderse de las agresiones de que fuera objeto.

Sin que exista un comunicado informando a Pasto de la decisión de atacarla por parte de la Junta Suprema quiteña, las gentes y las autoridades de la ciudad fueron conociendo del desplazamiento armado que venía hacia Pasto, gracias a informantes que llegaban a la ciudad, en tal razón se prepararon con lo que tenían a mano y en espera de cuanto pudiera ayudar el Gobernador, don Miguel Tacón desde Popayán.

El 16 de septiembre de 1809, el Cabildo de Pasto convocó al vecindario en la plaza mayor por intermedio de Pedro Pascual Aramburo y Matías Ramos, alcaldes ordinarios , para que se “presenten todos los que no estuvieren filiados ni agregados a las antecedentes compañías al medio de la plaza para que sean alistados. Y se somete la asistencia a la formación de cartuchos a don Domingo Rovi,  y la custodia de la pólvora y plomos a don Manuel Sañudo.”
Pasto tenía para aquel entonces la gran ventaja de su posición geográfica a estar encajonada por los límites de tres grandes barreras o murallas naturales que la hacían infranqueable si no se pasaba por determinados y exclusivos sitios dispuestos sobre el río Guaitara o el Juanambú, por cuanto el paso por el Angasmayo era un imposible y lo es hasta ahora.

Como el ataque venia del sur, se desplazó personal de artesanos, indígenas, labriegos y gente del común de Pasto, para cubrir los pasos donde existía puente o tarabita sobre el río Guaitara. El de Funes lo defendería el Capitán Miguel Nieto Polo; el puente real (Tacuya), estaría protegido por los Capitanes Francisco Gregorio de Angulo y Blas de la Villota, y el paso de Veracruz por el Capitán Ramón Zambrano. Al hablar de rangos militares téngase en cuenta que éstos fueron puestos sin que se tenga experiencia militar, se dieron por el respeto y el carácter que estas personas representaban para las gentes de Pasto.

Ante el incumplimiento de los refuerzos que había prometido Miguel Tacón des de Popayán, y su propia presencia en el combate, sabiendo que los quiteños estaban avanzando hacia el sector del Guaitara, hubo un desplazamiento masivo de la población que estaba en capacidad de poder luchar, y así se hizo, disponiendo la gente en el sector de Chapal de Funes.

El día 13 de octubre de 1809, los quiteños estaban frente a este sitio, río Guaitara de por medio, en espera de más refuerzos. Las gentes del improvisado ejército de Pasto, esperaron también hasta cuando observaron que los quiteños no se atrevían a cruzar la tarabita ni el río, por el contrario, estaban levantando su campamento, ante lo cual se dio la orden el día 16 de octubre para que se pasen a nado o como a bien se pudiese, a fin de confrontar fuerzas con los quiteños. Cuando estos menos los pensaron estaban completamente rodeados por la improvisada tropa de pastusos que los obligó a levantar una bandera blanca en señal de rendición, situación que llevó a Don Juan María de la Villota a prevenirles que rindiesen sus armas, siendo alevemente recibido con el fuego de tres cañonazos que afortunadamente no dieron en el blanco.  El informe oficial dice que 107 varones fue el número de prisioneros quiteños que dejó el combate, además de 8 mujeres y 2 pequeños.

Recuperadas las armas que los prisioneros entregaron sin mayor inconveniente, algunos huyeron y otros fueron traídos a la ciudad para luego remitirlos a Popayán, por cuanto para Pasto y su gente era todo un embrollo tener un alto número de prisioneros.

Así termina el que se considera como el primer conflicto militar en hispanoamérica, en la época de la independencia, para algunos historiadores, sin que sea esto cierto por cuanto para aquel entonces los quiteños no estaban peleando por la independencia absoluta de España al reconocer al “augusto monarca el Señor Fernando VII” como su rey.

El desastre militar presentado en Chapal de Funes, fue definitivo para la capitulación el día 28 de octubre de 1809, de la Junta Suprema de Quito, ante José Guerrero, conde de Selva Florida.

Cuando todo ya había pasado, Miguel Tacón llega a Pasto donde es recibido con grandes congratulaciones por parte del Cabildo y altas autoridades, menos por el pueblo, que recibió sin apremios, con frialdad a quien se había comprometido a estar presente en la contienda de Funes y no lo hizo.


1  Ortiz Sergio Elías. Agustín Agualongo y su tiempo. Pag 76
2  Guerrero Gustavo S. Documentos Históricos de los hechos ocurridos en pasto en la Guerra de la Independencia. Pag. 3.

Este artículo es un extracto del capítulo “Pasto y los Quiteños” del libro Pasto en las Guerras de la Independencia del autor: Enrique Herrera Enriquez, publicado en junio de 2010.
 
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