“El Galeras” Un volcán muy efusivo

Desde tiempos inmemoriales el volcán Galeras ha dado señales de gran vitalidad y se ha convertido en una referencia histórica, geosimbólica y cultural de Pasto y la región. Ha despertado sentimientos poéticos y de temor e impotencia ante la amenaza telúrica. Se calcula que el Galeras existe desde hace más de un millón de años y ha producido numerosas erupciones, como uno de los volcanes más activos en el globo terráqueo. Estudios científicos han identificado erupciones desde hace 4.500 años que han originado notorios cambios morfológicos en el volumen del volcán y en su contorno paisajístico, formado llanuras, erosiones, terrazas. Lagunas, cañones de ríos, etc. Se encuentra a 4.270 m.s.n.m., y en sus alrededores habitan unas 500.000 personas concentradas sobre todo en la ciudad de Pasto.

 

Primeras referencias históricas

Los indígenas Quillacingas lo llamaban Urcunina, (del quechua urcu: montaña, niña: fuego). Seguramente le hacían ofrendas como a un dios temible pero generoso: con las cenizas que salían de la madre tierra, se elevaban al cielo y caían para fecundar el suelo.

El cronista Garcia de Céspedes se refiere a la erupción del volcán, en 1560, poco después de la conquista española: “tiene su asiento (la ciudad) en un valle de sabana pequeño cercado de cerros a la redonda, y en el uno de ellos un volcán que de noche y de día echa fuego”. El 7 de diciembre de 1580 entra nuevamente en acción y así lo relata el historiador Sañudo: “El volcán con imponente fiereza llenó de terror a los descuidados moradores, cuando reventó arronjando gran cantidad de agua hirviendo que quemaba sus flancos y cenizas que esparcidas caían sobre la ciudad”. El 4 de junio de 1616, una erupción quema los sembrados aledaños; lo mismo sucede en 1690. Una explosión nocturna ocurrida en 1760 arroja rocas incandescentes que queman los techos de paja de las casas campesinas.

 

El volcán, Pasto y el Valle de Atriz

Históricamente, el viaje a Pasto representó una difícil y extenuante aventura. Quienes llegaban del norte, luego de pasar mil avatares, sorpresivamente, desde el alto de Aranda, descubrían un magnifico paisaje: el valle de Atriz, la ciudad en el centro rodeada de una esplendida verdura y de pequeñas aldeas blancas y al frente el imponente volcán. Durante la colonia y la independencia, varios viajeros, principalmente europeos, llegaron a Pasto, algunos atraídos por el volcán. Hacia 1750, Fray Juan de Santa Gertrudis, habla de una montaña “que en tiempo de tempestades arroja muchos fuego quemado el pajonal hasta junto a Pasto”. En agosto de 1801, Francisco de José de Caldas – se refiere “al más hermoso valle de los Andes”- y agrega: “!Qué espectáculo tan risueños y magnifico el que presenta la campaña a sus alrededores, la ciudad misma, su horizonte!. Imagínese usted una llanura espaciosa de dos a tres leguas, con una ligera inclinación terminada por colinas de pendiente suave en toda la redondez del horizonte! Excepto por el noroeste, en donde se ve el volcán de tanta elevación que toca el termino de la nieve permanente en la zona tórrida, y que aun humea; todo este terreno cortado por fuentes que reuniéndose forman lo que llaman el río Pasto: no hay palmo que no esté cultivado: aquí se ven cuadros dorados, allí verdes, más allá otros actualmente arados: toda la campaña sembrada de casas, acequias, molinos y, en fin la ciudad en el centro: son estos campos verdaderamente poéticos”.

 

Testimonios de científicos ilustres

En la navidad del mismo año, Alexander de Humboldt está en Pasto, “pequeña ciudad cuyos habitantes nos recibieron con una hospitalidad conmovedora”  escribe el sabio. Sobre el volcán dice con curiosidad que la columna de humo, activa sin interrupción durante tres meses, había desaparecido en el momento en que se produjo el fuerte sismo que destruyó la ciudad de Riobamba, ubicada a 100 leguas de Pasto.

El 9 de junio de 1827, a las 3 de la tarde, desde al alto Aranda, el científico y militar Jean Baptiste Boussingault describe “ una bella vista sobre una vasta extensión de paradera, desde donde se pude ver a Pasto”, dos días después Boussingault guiado por indígenas jenoyeses , asciende “al famoso volcán de Pasto”; “estábamos rodeados de fumarolas, nos ensordecían los rugidos y los bramidos subterráneos que el ruido que procede o acompaña los temblores de tierra. El guía cocinero mostraba su inquietud y me dijo a media voz: “¿y si escupiese?” Le contesté que estaríamos perdidos y entonces con una calma absoluta me contestó: “es lo que me parece”.

A comienzos de 1868, los vulcanólogos alemanes Alphons Stubel y Wilhelm  Reiss llegan a Pasto. Desde el terrible sismo de 1834 la ciudad temía la repetición del desastre. La reactivación del volcán y los temblores que producía inquietaban a la población. “Las enormes columnas de humo, los bramidos aterradores y temblores esporádicos, infundían gran temor y las ráfagas de vientos que acompañaban han sido fuertes que se ha creído que se trataba de terremotos, y que abrían las puertas de las casas”-escribe Reiss.

El 17  de junio de 1869, don Higinio Muñoz publica una nota el periódico  La Primavera y recuerda la erupción del volcán ocurrida el 2 de octubre de 1865 a las 3:30 de la tarde. “En los primeros instantes de su aparecimiento causó en la generalidad de los ánimos una impresión sublime y terrífica que pocos momentos después se tornó en grandiosamente bella, ya sea por el lindo, esbelto y colosal conjunto que formaban el vapor y las cenizas, o ya por los hermosos, encrespados y nevados rizos que se formaban y atropellaban unos con otros obedeciendo al nuevo impulso de descargas sucesivas”.

 

¿Por qué al volcán se le llama Galeras?

Desde la fundación de la ciudad durante unos tres siglos se le conoció como “volcán de Pasto” La denominación volcán de la Galera, se encuentra en una crónica de Edouard André, el científico francés que visitó  la ciudad en 1876. Andre afirma que ese nombre se debe a una nube en forma de galera que durante la colonia se formaba a menudo sobre el volcán que según tradición era seña infalible de lluvias.

Una explicación poética la da Quijano Guerrero: “ El volcán que semeja una embarcación del remo y vela. De lontananza, en realidad, surge el velero gigantesco, con su fantástico maderamen que se recorta en un piélago plúmbeo y grisáceo. Sólo que el navío está petrificado y éxtasis. Sobreviviente de las furias plutónicas, quedó anclado a perpetuidad en la cantera de los siglos. Pero de cuando en cuando resopla lavas y escupe borbotones de cenizas”. Otro poeta, Guillermo Edmundo Chávez complementa esta visión: “Galeras, cumbre almirante. Monte que el tiempo navega. Rumbo de sol al futuro, cadencia en el cielo abierta. Que lleva a bordo una gente que en luz de canto destella y es como un mástil tendida al corazón de una estrella”.

 

Expedición al volcán

Cuando todavía no se había construido la carretera al Galeras era tradicional llegar a la cima por caminos y senderos. La expedición comenzaba muy temprano, con una buena dosis de coraje para el duro ascenso. La cita matutina se hacia frente al templo de San Felipe donde los excursionistas se persignaban invocando la ayuda celestial para emprender la aventura. Uno de los caminos pasaba por la antigua aldea de Anganoy (nido de águilas, en quechua).

En las faldas del volcán las tierras están bien cultivadas; los ganados pastan en magnificas praderas. El tipo de vegetación cambia a medida que se asciende y la temperatura baja gradualmente. Desde la cumbre, se aparecía una imagen prodigiosa de la ciudad de su entorno. Entre los 2.200 y 4.275 metros de altitud se sitúa hoy en Santuario de flora y fauna que cubre una extensión de 7.615 hectáreas. En los bosques de alta montaña nacen las fuentes de agua que abastecen a Pasto y a otras poblaciones circundantes. Varias lagunas, cascadas, aguas termales, de singular belleza, complementan en el paisaje. El Santuario tiene dos senderos de interpretación ambiental: el Frailejonal y el Achichay (¡Qué frío! En quechua). Fuertes y fríos ventarrones anuncian la cercanía de las bocas del volcán y el paisaje se vuelve lunar. El 27 de marzo de 1926 un osado profesor del colegio javeriano visitó el volcán en actividad y cuenta su experiencia: “El estruendo que se siente al acercarse a la cima es comparable al ruido sordo y metálico que producen varias locomotoras próximas a salir del túnel y que se echarán encima del espectador. Hasta hace algunos años hubo glaciar permanente que contrastaba con la columna negra y con las nubes blancas y el cielo azul”.

El cráter externo, la caldera, es una gran barrera circular de unos 3 km. De diámetro y 80 metros de profundidad, que rodea la chimenea del volcán cuya forma semeja a un cono, un poco menos elevado que el borde de la caldera. Pequeñas chimeneas arrojan gases con ruido sordo. La bocal del volcán se encuentra a unos 9 km. Del centro de la ciudad de Pasto.

 

Formas expresivas del volcán

A través del tiempo, las manifestaciones del Galeras se han descrito con diversos términos: “echa fuego por la boca” “arrojo gran cantidad de agua hirviendo”, “grandes y espantosas columnas de humo ensombrecían a la ciudad”, “piedras encendidas caían por las faldas quemando la vegetación y los techos de paja de las casas cercanas”, “en ocasiones, se sentía un fuerte olor a azufre “. “Bravísimos rugidos o bramidos subterráneos, era señal que 180 gramos de ceniza por metro cuadrado” - dice un cronista. En ocasiones, la fuerte onda de choque hacía crujir puertas y ventanas. En la noche, el resplandor que producía la lava en las nubes, se interpretaba como llamaradas del volcán.

El lenguaje volcánico cambia después. En 1989, llegan a Pasto expertos vulcanólogos y se refieren a “erupciones explosivas del cráter central, que producen flujos piroclásticos, emisión de gases, cenizas, flujos de lava”. Al Galeras los definen como “un estrato volcán andesetico, con una estructura conformada por coladas de lava intercaladas con productos piroclásicos de diversos tamaños”. Sofisticados apatatos registran las secuencias sísmicas que se toman como base para las predicciones.

La actividad eruptiva inquieta al principio, pero luego, al repetirse eventos similares durante varios años, la población se despreocupa y la toma como un asunto cotidiano. A los ojos de los poetas, la columna de humo se vuelve “magnifica, hermosa, grandiosamente bella”. “Las columnas ce ceniza pretendían alcanzar el cielo proporcionando el más bello y admirable espectáculo” – dice Edmundo Medina Madroñero. Otro poetas también se inspiran: “el Galeras en verano, recorta la altivez de su desnuda cresta sobre luminoso fondo azul, mientras el sol calcina sus plomizas vertientes en invierno, cubre con pudor su hirviente cráter en el blanquísimo vellón de nubes que flotan a su alrededor y lo envuelven en silencio majestuoso. 

Erupciones recientes

Es muy significativa la erupción ocurrida el 27 de agosto de 1936 cuando colapsa la nube ardiente y desciende unos 4 kilómetros arrasando con lo que se encuentra a su paso. En 1988, luego de cuarenta años de quietud, el volcán se reactiva. No se conocía sobre muertes violentas a causa del volcán  pero en enero de 1993, una leve erupción  sorprende al equipo científico que oscultaba sus fauces  y mueren seis integrantes. El escritor William Montaignes en “Los gritos del volcán”  (2002) cuenta en detalle esta tragedia. El  21 de noviembre del 2004, a las 3,15 de la tarde, el volcán vuelve a lanzar rocas incandescentes que caen en los flancos produciendo incendios forestales de corta duración. La columna de ceniza y gas se eleva a unos 10 kilómetros de altura. El 19 de abril de 2005, se incrementa la sismicidad y la temperatura. Ingeominas  advierte que una erupción podría producirse “en los próximos días o en la próximas semanas”. Sin embargo, en los fías siguientes todo vuelve a la calma.

 

Referencias simbólicas, mitos y leyendas

Por razones históricas, metafísicos y geográficas el volcán tiene una dimensión simbólica. Expresa una sistema de valores comunes y por esto se lo visita, a manera de peregrinaje, como si se tratara de un lugar santo. Como elemento mayor del relieve, el volcán sirve de referencia y de orientación visual para quienes habitan y se desplazan a su alrededor. Permite definir, como un enorme faro, la posición en que uno se encuentra, o saber que ya se pasado por ahí, constatar que se regresa a un lugar conocido, a un entorno familiar. El territorio del volcán Galeras constituye un medio de supervivencia para muchas familias a través de las actividades agrícolas. La calidad del suelo, los microclimas, son medios preciosos para el campesino. Algunos conviven con el volcán como lugar de trabajo, de existencia común desde generaciones pasadas. El arraigo, a la vez espacial y sociológico, es mayor en el campo. Poblados como Abonuco, Jenoy, Anganoy, Chaguarbamba (hoy Nariño) nacieron casi al mismo tiempo de fundada Pasto, es decir, hace más de 500 años.

En diversas culturas indígenas del mundo se ha creído que en los volcanes habitan espiritus, varias divinidades o un dios en especial. Entre los aborígenes andinos, que han vivido bajo su influencia, se cumple un ciclo ritual con múltiples significaciones que integra elementos significaciones que integra elementos rítmicos y cantos en torno al volcán; se les hacían ofrendas, a veces con sacrificios humanos. Gonzalo Rubio Orbe explica que los indígenas de Punyaro (Ecuador) orientaban sus casas “para ver al Taita Imbabura que nos da el alimento y cuida los frutos”; “desde los abuelos de mis abuelos que las casas deben dar la cara al Taita Imbabura, así le saludamos al levantar de la cama; así no se enoja y nos ayuda”. A él le piden agua en los tiempos de sequía: “Taita Imbambura yacuguta carai” (viejo Imbabura dadnos agua).

Sobre los mitos y leyendas del Galeras, Guillermo Zúñiga Benavides afirma que los indígenas que habitaban sus faldas lo consideraban como un templo habitado por muchos espíritus a los que invocaban, y que la boca del Taita naturaleza. Le hacían ofrecimientos con lo mejor de sus cosechas a manera de agradecimiento. Cuando el Taita volcán se enojaba y se sacudía arrojando piedras le ofrecían en sacrificio un niño auca (niño no bautizado, en quechua). El volcán también podía recibir una muchacha virgen. Un rito de iniciación para los jóvenes que aspiraban a convertirse en Taitas era subir biringos (desnudos) a la cima del Taita volcán donde permanecían siete noches para adquirir el conocimiento de la vida y la fuerza física para contrarrestar el hambre y el frio.

 

El volcán y la Virgen De las Mercedes

El temor que infunde los fenómenos naturales hace que las gentes visiten los templos para pedir misericordia. Se cree que la iglesia introdujo la Virgen de las Mercedes y la de las Nieves para sustituir la fe que los indios tenían en los volcanes de los Andes. Desde el siglo XVII  se hacían plegarias a la Virgen de las Mercedes como protección de los desastres naturales. El padre Aristides Gutierrez escribe: “En los mayores conflictos de la ciudad, cuando el Galeras con imponente majestad, bramaba como un centauro enfurecido y arrojaba espeso humo que en negros torbellinos subía a los cielos; cuando los terremotos derribaban los templos y las casas, o el cielo se convertía en bronce y se negaba a enviar la lluvia que fecundara los campos; cuando el flagelo de la peste convertía en cementerios los hogares de los vivientes o la encarnizada guerra fratricida, por desgracia encastillada en nuestra patria por toda una centuria, entonces el pueblo pástense se dirigía al solitario tempo de la santísima Virgen de las Mercedes a implorar auxilio y pronto socorro; y tomándola en hombros procesionalmente recorría las plazas y calles de esta ciudad”.

En la década de 1990, cuando el volcán Galeras se reactiva, las informaciones de los especialistas deformadas por los medios de comunicación, condujeron a un estado de tabulación y temor. Hasta el día en que al anochecer, la virgen de las Mercedes sale  nuevamente a las calles en medio del fervor popular y vuelve a reinar la paz.  

Julián Bastidas Urresty

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