El Padre Descabezado

En la ciudades que se fundaron mucho tiempo hace, en sus calles añejas que de una u otra manera fueran a dar con alguna de sus iglesias o con el cementerio, es muy común que se hayan conocido espantos de diversas categorias, ánimas y resucitados.

En Pasto, en las cercanías de la Iglesia de San Felipe o en los alrederoes de San Agustín o en Ipiales o en Sapuyes; en estas zonas con fama de mal aire y desolación, donde para quienes tengan que pasar por ahí a altas horas de la noche signficia que tengan que pensarlo dos veces y no solamente pensarlo dos veces, sino persignarse, encomendar su alma al Santo de su devoción y apurar el paso; en estos sitios existe un ente o como quiera llamarse, trascendente dentro de las consejas legendarias: El llamado Padre Descabezado.

El Padre Descabezado se aparece muy de vez en cuando, muy de viernes en viernes, Es un cura alto, robusto, mejor dicho que la sotana la lleva bien rellena, su larga y negra sotana es su distintivo. Y sería un cura común y corriente si llevara cabeza, pues a este faile, nadie sabe por qué, le falta la cabeza. Le han visto todo el cuerpo y en lugar de cuello un hueco, un impresionante hueco.

Se cree que es un ánima en pena; que anda pagando una larga cuenta de misas que en su vida le contrataron y él no cumplió; que, cansado de transitar por los pasillos del que fuera su convento, sale hasta las iglesias en donde celebran misa.

En este trayecto es cuando se deja ver, portando una vela que nunca se apaga a pesar del viento nocturno. Y pobrecito del que a esas horas también transite por esos lados: Patirribiado y sin habla se queda cuando lo ve. Esto de la mudez le dura por días y hasta semanas enteras.

El Padre Descabezado ha ido dejando de hacer su aparición en estos últimos tiempos. Según se comenta, la pena que debía pagar está llegando a su término; por eso es que casi ya no se ha escuchado de personas que lo hayan visto, pero antes no era cosa rara.

 

Fuente: Leyendas de Nariño, Granda Paz Osvaldo, Colección María Mestiza, Editorial Travesías. Pags 79 - 81.

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