Capilla de Nuestra Señora de Lourdes

El fervor del sacerdote neriano, Francisco Santacruz y de la Asociación de Hijas de María, auspiciaron la construcción de la Capilla de Nuestra Señora de Lourdes, en vecindades del suburbio llamado Taminango, escenario de míticas leyendas. Iniciada el 23 de febrero de 1.883 e inaugurada el 8 de diciembre de 1.885, se remodelaría más tarde con torres de aire románico y un artístico altar, en piedra, en forma de gruta que revive el milagro de la aparición de la Virgen de Lourdes a Bernardette Soubirous.
 
El Padre Filipense Francisco Santacruz, hábil artesano, se apersonó de la obra trabajando en labores de ebanistería del retablo, de las bancas, candeleros y demás ornamentaciones. Tras su muerte, ocurrida el 14 de junio de 1925, sus restos mortales fueron depositados en esta capilla que con tanto entusiasmo construyó apoyado por el fervor de la Asociación de las Hijas de María y por el pueblo católico de la ciudad de Pasto.

Es ahora, parte sagrada del Museo de Taminango, empresa gigante, con propósitos audaces que va a restaurar la capilla y a devolverle su perfil colonial y a reconstruir el puentecillo vecino bajo cuya media parábola rodaba su canción en cristales el río de Jesús Nazareno.
 
 
ESTILO ARQUITECTONICO Y DISEÑO ARTISTICO
 
Esta capilla, de arquitectura colonial, tiene una sola nave rectangular que, con el paso de los años, cambió su altar de madera por uno en piedra en forma de gruta, en medio de la cual se destaca la hermosa imagen de Nuestra Señora de Lourdes. En ella también se venera la imagen del Señor de los Despojos que data desde la época de su fundación y que tiene un importante número de fieles.

La capilla, responsabilidad de los padres filipenses, tuvo su segunda remodelación, gracias al entusiasmo del sacerdote Juan Andrés Arturo González y la colaboración de la comunidad. Esta obra fue entregada el 8 de diciembre de 2006.